Más abrazos y menos compras
¡Cada amanecer es único e irrepetible! parece algo tonto, pero no lo es.
El alba es como el principio de la creación, pero cada día. El cielo abre una capa como un carro convertible y la neblina se va disipando como un gran telón blanco que nos empieza a mostrar el gran escenario de la vida. Los primeros en madrugar son los pájaros que mueven sus alas con cadencias exactas y con sus sinfonías únicas como si fueran dirigidos por un director de orquesta y mientras empieza el día aún se puede escuchar el sonido del silencio y el viento frio de la mañana obligándonos a despertar y de repente la pesadilla.
Puertas de hierro empiezan a sonar. Luego aparecen toros de acero a grandes velocidades como cohetes, chocan entre ellos y de esos metales emana un líquido rojo y viscoso solo por no llegar tarde. Veo a seres humanos muy apurados, insultándose por nada queriendo ganarle tiempo al gran tráfico de un lunes por la mañana. Esto va adornado de la ira de una tarjeta que no pudo pasar un lector y no se pudo comprar el regalo para mamá que queríamos, tampoco se pudo comprar la cena, ni el asado que teníamos planificado.
Así son los días de celebración, desde la navidad (que es el nacimiento del hijo del jefe de los jefes), el día del amor y la amistad hasta el día de la madre, como si el apuro y la urgencia fueran la religión de este nuevo siglo.
El maldito sistema en que vivimos nos ha hecho creer que la mejor manera de celebrar a los que amamos es comprando basuras que luego no tendremos donde guardar sin darnos cuenta que, los días ordinarios que no celebramos nada son los más importantes.
Darle algo a mamá esta bien pero mejor sería dedicarle algo. Darle un abrazo si la tienes a tu lado o decirle que la amas en un día cualquiera. Llevarla a dar un paseo, tomar un café mientras escuchas sus historias, porque cuando menos lo imagines ya no van a estar ninguno de los dos.
Ahora viene el día del padre. ¿Cómo es la relación con tu papá? mi relación con mi papá nunca fue de afecto así que esta vez me adelanté, tomé un vuelo y entre tantas cosas aproveché para pasar tiempo con él, darle un abrazo fuerte, un beso y decirle que lo quería sin límites porque a veces recordamos cosas que estropean todo y no vale la pena vivir en el pasado. La verdad lo había intentado varias veces sin éxito, pero esta vez solo se dio.
¡Me sentí increíble! porque no quiero irme de esta vida o que se me vaya alguien que quiero y aprecio sin despedirlo como debía, con un gran beso, un fuerte abrazo, quizás con una copita de vino celebrando un gran logro suyo o mío, diciéndole a esa persona que la quería o que disfrutaba mucho de su presencia.
Vale la pena en un país (muy pesetero) que se desmorona por el odio y la división que pongamos de moda sonreír, ser amables, dar abrazos, reunirnos para vernos a los ojos y saber cómo está el otro, dejar nuestros teléfonos y poner atención cuando nos hablan. Vale la pena que amemos más y compremos menos porque al final el amor es la bomba atómica más poderosa del universo que el hombre haya podido descubrir.