La sombra del suicidio

04.05.2025

Y pensó que caminaba solo por el valle del dolor y de las sombras hasta ser devorado por el abismo interminable de la locura.

El suicidio no es un tema que nos guste hablar quizás porque es la antesala de la muerte. Es alarmante que el suicidio sea la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.

Judas, el traidor, no fue la única víctima de este mal. También lo fueron hombres talentosos y nobles como Vicent van Gogh y el propio Antony Bourdain, entre otros famosos.

Judas no pudo con el peso incalculable de la culpa y van Gogh con la pobreza y sus problemas mentales, pero a personajes como Bourdain ¿Qué le pesaba tanto como para quitarse la vida?

Hay gente que ve al suicidio como una salida de emergencia porque desde su perspectiva su problema es equivalente a casi o igual que estar muerto en vida.

Un cáncer doloroso, una enfermedad terminal, una traición que duele el corazón más que cualquier enfermedad física, la pena de un ser que amábamos que se fue para siempre. Ver el ocaso de alguien que creíamos invencible como un dios. Un gran proyecto o una gran empresa que llegó a su fin. Hay muchos motivos para querernos escapar del oscuro y tenebroso laberinto de la vida sobre todo cuando las lágrimas se hacen gigantes e infinitas.

Cuando un amigo tomó esa decisión pasé mucho tiempo preguntándome si pude hacer algo más por él, porque creía en mi vanidad, que si hubiese estado a su lado en sus momentos más difíciles no se hubiera ido. Pero eso no fue todo, también tenía un sentimiento de rabia y frustración porque ni siquiera había nadie contra quien descargar esa ira y como la rabia no se va fácilmente viví mucho tiempo acorralado por la culpa, la rabia y la pena juntas. Fue como recibir una cajita triste y sin papas fritas.

Uno pensaría que el suicidio es exclusivo de personas que viven entre la frontera de la pobreza y la locura y de repente aparece alguien como Bourdain, con apellido estilo francés, apuesto de rostro, lleno de fama y gloria y sobre todo con una cultura de vida que casi nadie en el mundo podría tener y de repente se nos escapan. Lo extraño es que hay gente con motivos para renunciar a la vida y sin embargo se aferran a ella de mil maneras con todas sus fuerzas, como su última carta en un juego adverso de naipes, y en su angustia y sufrimiento creen en la hermosura de la vida. Como van Gogh que pintó la noche estrellada internado en un hospital psiquiátrico intentando escapar del encierro más difícil de su vida, su locura.

Pensaríamos que a alguien que le pagan por viajar y probar comida por el mundo no podría ser acosado constantemente por el fantasma del suicidio y no es así. Nos olvidamos que todos somos seres humanos expuestos a sufrimientos, traumas de la infancia, abusos inmerecidos, soledades, angustias y desencuentros. Nos olvidamos que somos frágiles humanos, sencillos, vulnerables y delicados como como una vasija de barro y que, en muchas ocasiones, hemos vivido situaciones en las que nos han dejado caer o nos han lanzado contra el piso deliberadamente y es difícil levantarse cuando uno está roto en mil pedazos porque no sabes por donde empezar a recoger los escombros de tu propia vida.

Por eso cuando alguien requiere verme acudo de inmediato, porque nunca más quiero sentir esa sensación de culpa que pude haber hecho algo más y no lo hice.

Somos libres de ser y hacer lo que queramos, porque tenemos libre albedrio, y eso nos obliga a cuidar el tesoro más valioso, nuestra salud mental y de la de nuestros seres queridos.  

A veces no hay despedidas

Quiero dedicar este artículo a un amigo que quise mucho y que nunca pudimos despedirnos. 

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