¡Encuentros que cambian vidas!
De lejos, se escuchó el grito con eco de un vecino de la casa, quien lo buscaba con urgencia, porque el lugar donde usualmente apacentaba las ovejas de su padre, era muy peligroso.
El contexto de esta historia era que Dios había desaprobado a Saúl y necesitaba un nuevo rey. Dios le encomienda la misión secreta a Samuel y le dice que vaya a la casa de Isaí porque ahí está el futuro rey de Israel. Hasta ese momento la vida de Samuel se ha convertido en triste y lúgubre. Llora por Saúl todas las noches sin consuelo y está en depresión, pero es el profeta de toda una nación y tiene que ser fuerte hasta que Dios le dice que ya no llore por Saúl porque el ya ha encontrado al nuevo rey que lo sustituirá.
Dios, que es un bromista, no le revela a Samuel el nombre de quien será el futuro rey, ni siquiera le dice cuántos hijos tiene Isaí. Así que Samuel, antes de emprender el viaje, revisa el Facebook de Isaí y encuentra una foto con un título de "en familia", y ve a Isaí con 7 chicos preciosos.
Dios le encomienda esta locura a Samuel porque sabe que su profeta va a cumplir su loco plan con punto y coma. Así que Samuel, de inmediato emprende el camino hacia la casa de Isaí. Tiene esa calma que sobrepasa todo entendimiento a pesar de saber que su propia vida corre peligro si el malvado rey Saúl se entera que se dirige a la casa donde viven los chicos más guapos del pueblo de Belén para elegir de manera secreta a un nuevo rey.
A la llegada de Samuel al pueblo ya se encontraban todos vestidos con el mejor lino para recibirlo. Ese día había una mezcla de olores en la sala de la casa de Isaí, Paco Rabane, Dior y Prada. En la mesa, bandejas de plata con la mejor comida. A lo lejos unos hombres con un frasco de aceite encendiendo la leña para asar la carne.
Samuel está un poco inquieto, porque no tiene mucho tiempo y le dice a Isaí que si puede traer a sus hijos porque quiere conocerlos. Isaí le contesta que por supuesto y ha planificado que sus hijos entren uno por uno para saludar al profeta y poder elegir al nuevo rey. Hasta aquí todo parece un plan lógico, van a elegir a un nuevo rey de los hijos de un señor. Así que, el primero en presentarse es Eliab porque es el primogénito y además, como un detalle sin importancia, es el más alto y apuesto de todos. En segundo lugar, vino Abinadad, luego vino el turno de Sama y así pasaron los 7 hijos de Isaí, pero Dios no había elegido a ninguno de ellos.
Samuel, que conoce a Dios desde niño, sabe que algo no está bien y le pregunta a Isaí que si ellos eran todos sus hijos.
En ese momento Isaí, incómodo, se acordó que se olvidó de su hijo menor, el que cuida las ovejas. Se olvida de ese hijo porque siempre se han olvidado de él porque es el hijo menor que no importa, al que menosprecian y sacrifican porque nadie quiere hacer sacrificios en casa empezando por cuidar las ovejas, sobre todo en los días oscuros y lluviosos. No es cualquier persona que se olvida de David, es su propio padre el que cree que David no tenía el perfil, ni las condiciones para ser presidente de una nación.
En ese momento a Samuel le fluye la autoridad y le dice a Isaí que nadie se va a sentar a comer a la mesa hasta que vea al chico. Samuel, que se está jugando la vida, se pone serio y le dice a Isaí que le advirtió que quería ver a todos sus hijos y que era inadmisible que el menor no estuviera presente. Empieza un alboroto en pleno banquete y ordenan, de manera urgente, que alguien vaya corriendo a ver al pastorcillo que está en el campo, quizás triste, cuidando las ovejas mientras todo el mundo está en el gran banquete.
Toda la familia de Isaí está con la cara larga, saben que algo pasa, mientras las moscas, con su zumbido tradicional, están paseándose por la comida hasta que llega el momento.
Samuel ve a lo lejos a un chico que viene corriendo desesperadamente hacia la recepción y su corazón, como si algo supiera, empieza a latir aceleradamente. Es un chico despeinado y no dejan que se acerque de inmediato porque David está con la túnica sucia porque es lunes y a él solo le dejan usar la MAYTAG los jueves que nadie lava porque todos, menos él, se van a la casa de la playa. Además, tiene las uñas llenas de tierra y tiene las sandalias llenas de lodo y caca de borrego. Así que antes de que se presente ante el señor imponente del gobierno lo mandan a bañar y a ponerse un poco del perfume Tom Ford de su padre.
Dios, según el relato, ya le ha dicho a Samuel al oído que ese chico despeinado será rey, pero David no sabe nada. En ese momento David no sabe quien es el señor ni por qué lo vino a buscar, tampoco sabe que un día será presidente de su país, no tiene idea que matará a un gigante con su onda, ni se imagina que después de este encuentro escribirá el canto más hermoso de la biblia (el Salmo 23) y mucho menos que, desde ese día, el espíritu de Dios lo visitará por primera vez.
Es un mismo momento, pero con emociones totalmente diferentes. Samuel, ya no está triste, se siente feliz y con ganas de llorar porque su pueblo tendrá un rey espectacular mientras el chico está asustado pensando en que hizo esta vez para que lo llamen a la casa un lunes al medio día, pensando que seguro le van a dar una paliza de las de siempre le dan, pero esta vez sin saber que hizo.
Cuando se acerca a casa ve el mantel que solo ponen en fin de año. En la mesa hay aceitunas verdes y moradas, higos, nueces, majares con unos bizcochitos de Cayambe, pepinillos agridulces, aceite de oliva y mucha carne de borrego aliñada para preparar mientras David piensa que tal vez a él le tocará servir o lavar toda la vajilla y cree entender, desde su limitación humana, por qué lo llamaron con esa urgencia.
Ve todo tan pulcro, han enserado el piso y es como siempre se imaginó su fiesta de cumpleaños, esa que nunca tuvo porque para su cumpleaños nunca había presupuesto. Muchas de sus tardes solitarias, soñaba como sería su cumpleaños si tuviera uno, pero hasta ese momento nunca ha tenido una fiesta para él y llega quizás uno de los encuentros más emotivos de la historia entre Samuel y David.
Después de unos minutos David llega al banquete y sus cuñadas llenas de envida le dan la mejor silla y el mejor lugar para que se siente. En la sala hay un silencio incómodo mientras se acercan a la mesa porque nunca lo han visto así, tiene túnica limpia, sandalias limpias, huele a Ton Ford y tiene una cinta en su frente que sujeta su cabello. Samuel recibe el mensaje de texto en ese momento diciéndole, que él es el elegido.
Samuel se le acerca, lo abraza y se da cuenta por qué lo eligió el mismo Dios. El chico es de ojos hermosos y profundos, nariz alzada y larga, es rubio y su rostro es de hermoso parecer. Más que un hebreo parece un francés de nariz refinada. Es sencillo y tiene una sonrisa hermosa. Quiere servirles la comida a todos en su casa porque está feliz y además es lo que siempre ha hecho, servir a todo el mundo. Nunca se había sentado con sus hermanos que eran mucho más guapos porque no se sentía digno. Su estima ha estado golpeada por mucho tiempo que ni siquiera se sentía apuesto a pesar de serlo.
Para su edad, ha sido un poco solitario con muchos riegos de morir, porque pasa muchas horas solo en el campo porque de niño tubo más obligaciones de las que debía tener un niño como él. En sus tiempos de soledad ha desarrollado una habilidad para usar la resortera y una especie de orofilia. Les gusta escribir canciones y poemas y tiene un par de canciones en su libreta personal. Las canciones las escribe en soledad y cuando llega a casa saca los acordes y las toca en la lira que le enseñaron a tocar desde niño.
Cuando se ven cara a cara, Samuel lo abraza como si nunca más lo fuera a ver en su vida y se sientan a conversar porque es la primera vez que se ven cara a cara los dos. David dice que no ha comido y que tiene hambre, pero Samuel recibe el segundo mensaje de texto que dice, si está contigo "levántate y úngelo" y Samuel solo deja caer el cuerno lleno de aceite sobre David, sobre el ungido de Dios, en frente de todos los que siempre le dijeron o le hicieron sentir o creer que era menos que el resto. Nadie espera eso porque ninguno de los presentes espera o se imagina que Dios elija a un pastorcito alocado, marginado y menospreciado por su propio padre, quien debería cuidarlo, pero resulta que ese chico ya tiene la aprobación de Dios.
Al final, Samuel le deja dinero para que se compre ropa, un buen perfume porque algún día será un rey. Alguien les toma una foto desde el teléfono de Samuel, pero solo las comparte con David y le dice que no la publique para que nadie se entere del encuentro.
Samuel se despide de David feliz porque al fin Israel tendrá un nuevo rey y David está conmovido, porque un extraño le hace una fiesta. David se va llorando y entre lágrimas se inspira para escribir el salmo 23, quizás el canto más famoso de la biblia. No necesita inspiración porque fue algo que vivió, solo lo anotó para que no se olvidara nunca que con este Dios es más que suficiente.
Este encuentro, planificado por Dios, cambia la vida de los dos personajes. A Samuel le devuelve la alegría que había perdido y a David le devuelve la esperanza para que siga creyendo porque en unos años y luego de algunas dificultades, David será rey de Israel.
Me encantan estas crónicas porque revelan el comportamiento de Dios y el de los hombres. No dejemos que los comentarios de personas cercanas, amigos o inclusive familiares destruyan nuestros sueños porque eso significaría darles la razón. Tomemos fuerza para alcanzar nuestros sueños y si nos pasa como David que él no sabía cómo acercarse a Dios para contarle todo lo que estaba viviendo como joven, que el mismo Dios que planificó un futuro para David, nos venga a buscar en medio de nuestra soledad, confusión y desesperanza y que por supuesto sea un encuentro que también sea inolvidable.
¡Nos vemos pronto!

Dios es el único que sabe el plan completo
No sabemos mucho de David antes del encuentro con Samuel. Lo que nadie sabía era, que ese chico olvidado, tenía un corazón conforme a Dios.
Tenemos dos personajes. El primero un estadista que se convirtió en el hombre más influyente de la nación que conectó desde muy joven con Dios guiado por su propia madre.
El otro, es un pastorcito apuesto, criado en el campo, corriendo con las ovejas disfrutando entre la soledad, la peligrosidad de las montañas y el abandono de su propia familia. Sabemos de la niñez de Samuel, pero de David nunca nos contó nada porque quería darnos la sorpresa de tener un rey alto, apuesto y pelirrojo con el que no le fue bien y probar suerte con un chico de campo que demostró que a veces con Dios es suficiente.